Sermón de presentación

fuego-malpaísMalpaís es un fanzine de crítica del lugar… desde el lugar. Al fin y al cabo, habitamos en lugares que, aquí y ahora, hemos de pensar y defender.

No obstante, la primera pregunta que hemos querido hacer no tiene respuesta clara. Qué es un lugar y qué podemos considerar un territorio. Sabemos que ambas realidades son escurridizas, pero nuestra intención no reside en encerrarlas conceptualmente. Más bien, hemos querido utilizarlas como herramientas. Para nosotros son campos abiertos y en pugna desde los cuales mirar lo que ocurre, y que contienen las distintas formas de la dominación, ya sea de clase, patriarcal, colonial, etc.

El lugar del que partimos es el espacio vivido: aquel donde los cuerpos se alegran y sufren; por el cual se pasea; un lugar con raíz y memoria que habla por sí mismo. En las voces de sus habitantes, en su pensar, decir y actuar, el lugar se hace concreto y se encarna, para reflejar, en toda su complejidad, las relaciones que lo conforman y lo reviven.

Defender el lugar es también pensarlo por nosotrxs mismxs. Desde aquí parte, por tanto, nuestra crítica de las estructuras dominantes y de las visiones hegemónicas que las sostienen, combustible ideológico que oculta su verdadera naturaleza. Nuestra posición se sitúa en una crítica integral del proyecto moderno, su universalismo avasallador, destructor del lugar, que revela en su binomio Estado-Capital toda su fuerza desintegradora. Hoy, su proyecto civilizatorio ha colmado prácticamente cualquier rincón del planeta. A trompicones, bien es cierto, pero cada vez con más capacidad para seguir destruyendo lugar y vida.

Los contenidos de este fanzine reflejan realidades diversas pero aún así conectadas. Subyace en todos ellos la crítica a la sociedad industrial-tecnificada y a su armazón ideológico: el progreso, el desarrollo y el crecimiento económico como generadores de un falso bienestar que oculta sus nefastas consecuencias: la destrucción del territorio, el ataque a la autogestión y autonomía de las poblaciones; la colonización histórica, bajo nuevas formas, de los lugares, junto al rapto de su memoria y modos de vida. La ciudad, el campo, los bosques… integrados violentamente a su política territorial, a su gestión y administración totalizadora; intervenciones que exterminan y homogenizan las diferentes comunidades, preparando así el terreno para la acumulación desintegradora. Visto desde los propios lugares, sus historias no son sino la común lucha por no desaparecer bajo el inmenso y voraz Diseño; la vida convertida en “cosa”, reducida a su valor de cambio, a la mortal y cerrada esfera de la mercancía.

Por eso, hablar del lugar concreto no tiene por qué significar la fragmentación de las diferentes luchas. Cada experiencia aporta su singularidad frente a una agresión que es común y que viene de lejos. Su raíz histórica obliga, en muchos casos, a voltear la mirada. Desde la calle en la ciudad actual hasta las cuencas amazónicas, la vida es atravesada por el cálculo del beneficio, desacralizada y reducida a sus límites contables.

El lugar, como portador de vida, posee a su vez la fuerza para resistir desde lo concreto, aunque corra el riesgo de la atomización en relación a otras luchas, a otros lugares. La naturaleza de esa fuerza reside en una mayor adaptación estratégica –desde lo vivencial- a la agresión capitalista. Resistir desde el lugar, es resistir con y para el lugar: en calidad de vecinos y vecinas, de pobladores, de integrantes de una comunidad que defiende y crea. Estar vinculado al lugar es la mejor manera de militar en su defensa, sin dejar por ello de sentir en el horizonte los otros fuegos, a sabiendas que la misma madera es la que los alimenta y los aviva.

Pero no desde una idea de globalización -hija de la misma modernidad capitalista- que encuadra las resistencias y las limita. Romper con los espacios y los tiempos del conflicto-espectáculo es también establecer otra política. Desde el lugar y con los cuerpos, creando redes fuertes y cada vez mayores, a salvo quizá de los controles mediáticos que las conforman y recuperan para el show televisado de los episodios “antisistémicos”.

Vivimos en la ciudad pero miramos de reojo el campo. El campo nos silba y aquella nos escupe. Aún así, luchamos por recuperar la calle y el barrio como vecinxs y no como ciudadanía difusa, reducidxs a la vertical y opresora relación entre el individuo y la Ley; entre el individuo y sus “derechos”; entre el individuo y el Estado; y si es que no son ya lo mismo, entre el individuo y la mercancía. Mientras, las experiencias cada vez más numerosas de revivir lo rural, de reconstruir los lazos de una sociabilidad maltrecha, nos obligan a mirar todo aquello que ya sucede en los márgenes de lo urbano. Pero también atacar la megalópolis desde sus grietas y arañar una ciudad que contenga ecos de otras formas de vida, tomando posiciones desde la crítica frontal a la urbanidad capitalista, y alejándonos de aquellos cantos que creen poder convertir al monstruo en “sostenible”, en una fiera más amable. Supone, por tanto, establecer cambios profundos en los modos de querer vivir y relacionarse con el entorno, intentando recrear formas de pensar y hacer no capitalistas, donde las gentes y su interacción con aquello que llamamos naturaleza, vuelva a ser la medida de las cosas.

La autoría de este fanzine es colectiva. Todos sus contenidos han sido pensados y debatidos por quienes lo integramos. Creemos en el trabajo común y compartido, del que hemos disfrutado y que nos ha hecho aprender unos de otros. Aunque esta forma de hacer tiene sus propios límites, para nosotros es la más idónea. Nos ha permitido, además, enfrentar nuestras propias contradicciones y construir juntos mirada y lenguaje, conscientes aún así de la dificultad para escapar de todas y cada una de las trampas que se esconden tras las palabras y las cosas.

Hermanos y hermanas, ¡nos vemos en las grietas!